Cuando se leen las mentiras que pronuncia sin pudor el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, surge la tentación de preguntarle ¿por qué miente de manera tan descarada?
Sin embargo, hay que huir de las tentaciones y para
lograrlo, se necesita darle vueltas al objeto de tentación. Así, después de
desmenuzar las falacias que emite Quintero, que van contra toda evidencia y
lógica, se hace necesario discernirlas y analizar los verdaderos propósitos del
alcalde de Medellín.
¿Por qué mentir, si toda la ciudad es testigo de que sus
enunciados son falsos? Es necesario advertir que a Quintero Calle no le importa
lo que piense Medellín de él, pues sabe que la batalla por la buena imagen la
perdió hace mucho tiempo.
En cuanto a los candidatos continuistas, más allá de
garantizarle alguna impunidad en el futuro cercano, tampoco le importan
demasiado, pues es consciente de que la estrategia de dividir a la ciudad entre
uribistas y alternativos ya no da réditos y que sus prohijados no tienen ni
madera ni temple para salirse de ese discurso vetusto.
Así las cosas, hay que eliminar la hipótesis de que a
Daniel Quintero le importan los votantes de Medellín, pues sabe que muchos están
decepcionados y dispuestos a sacarlo por la puerta de atrás del piso 12.
Sin embargo, la visión de Quintero Calle y su séquito
llega a las elecciones presidenciales de 2026 y es a ese mercado al que está
apuntando. Cualquier mentira, aunque en Medellín sea fácilmente desmentida, en
el país puede calar en un segmento de votantes con una capacidad intelectual
similar a la de Juan Carlos Upegui.
A ese grupo de subnormales le está apuntando Quintero con
sus discursos mentirosos, pues ellos, incapaces de conservar un empleo por sus
limitaciones mentales, dedican buena parte del tiempo a combatir en las redes
sociales para defender a sus ídolos de barro, como es el caso de Quintero Calle
y de Gustavo Petro y justamente esa presencia de un pobre político defendido
por hordas presuntamente justicieras, entrega ganancias propagandísticas para
unas elecciones futuras.
A esos votantes, lejanos de Medellín, solo les interesa
lo que dice su defendido y le creen, no porque hayan analizado el discurso,
sino porque parte del marketing político de Quintero es venderse como una
víctima de los malignos ricos paisas, de los empresarios corruptos y de los
políticos que están dolidos porque, según él, perdieron la Alcaldía, cuando
toda la capital de Antioquia sabe que esos a los que tanto odia, los uribistas,
jamás han ganado la Alcaldía de Medellín.
Quintero Calle no les habla a los medellinenses. Lo de él
es dirigirse a esa masa de deformes morales y resentidos que votaron por un
terrorista presuntamente regenerado. Por lo anterior, supone el alcalde de
Medellín, estarán más que dispuestos a votar por un personaje corrupto, amoral
y depravado como él.
Además, Quintero prevé que en 2026 disputará la Presidencia
con Federico Gutiérrez, a quien ve renunciando a la Alcaldía para cumplir con
sus aspiraciones presidenciales y esa es la batalla que ya está dibujando a
través de sus mensajes en redes sociales.
Así las cosas, las mentiras de Quintero son las primeras escaramuzas de la estrategia que han elaborado con miras a las elecciones de 2026 y el ejército más importante en dicha estrategia es el de fanáticos petristas que pese a las aflicciones que están viviendo y vivirán, no renunciarán a la esperanza de vivir sabroso. A ellos están dirigidas las mentiras y es en ellos en quien piensa Quintero cada vez que emite una barrabasada que va contra toda evidencia. Eso lo sabemos en Medellín, pero ¿qué pasa en el resto del país?
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