Petro ordena desescalar el lenguaje con el ELN: se repite el libreto de Santos con las FARC






Como parte del proceso de negociación que adelanta el Gobierno con el Ejército de Liberación Nacional, el pasado 8 de julio, Gustavo Petro firmó la resolución 194 que actualiza el decreto que fija el marco del acuerdo de cese al fuego con el grupo terrorista.

 

En el punto tres de la resolución firmada por el presidente, se lee lo siguiente: «En el marco del acuerdo de cese al fuego bilateral, nacional y temporal pactado entre el Gobierno nacional de la República de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (Eln), las Partes acordaron que usarán entre sí un lenguaje respetuoso».

 

Además, «ordena a las autoridades del Gobierno nacional a que en el marco del cese al fuego tengan en cuenta que las partes actuarán bajo el marco de un proceso de paz y usarán lenguajes de desescalamiento del conflicto armado».

 

La resolución expedida por la Casa de Nariño se conoce horas después del fuerte pronunciamiento del representante de los Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU, quien aseguró que el ELN debe terminar con todos los actos de violencia como la extorsión, el secuestro y el reclutamiento forzoso, lo que podría interpretarse como una respuesta indirecta de Colombia a la posición del gobierno estadounidense.

 

La receta pacifista para no llamar terroristas a los terroristas

 

La orden de desescalar el lenguaje, o desarmarlo como una forma de generar un ambiente de paz, ya se había presentado en Colombia. En 2015, el entonces presidente Juan Manuel Santos indicó que no era oportuno seguir hablando de bandidos, narcotraficantes o terroristas al referirse a las FARC.

 

La sugerencia de Santos tuvo eco en la ONG Indepaz que indicó que «se trata de reconocer sus motivaciones, contextos y comportamientos, reconociendo las causas y conductas que condujeron al levantamiento armado de la insurgencia».

 

Sin embargo, en aquel momento, diferentes sectores de la prensa nacional protestaron por la postura presidencial. En un pronunciamiento del director de El Espectador, Fidel Cano, precisó que “el lenguaje es algo muy importante, pero la manera como lo llamen a uno es algo que se gana y depende de cómo se comporte.” Es importante recordar que El Espectador mantuvo una posición cercana al gobierno Santos y fue abiertamente favorable a las negociaciones de paz con el grupo terrorista de las FARC.

 

Sin embargo, El Espectador no fue el único medio en rechazar la exigencia de Santos. El Diario de Occidente, por ejemplo, afirmó que «la única forma de que se les deje de llamar terroristas a las Farc es que dejen de hacer terrorismo».

 

Además, la editorial sostuvo que «si bien el desescalamiento del lenguaje debe darse dentro de la construcción de un ambiente de paz, es imposible que se dé antes del desescalamiento del conflicto, pues debe ser consecuencia de éste».

 

Finalmente, El Diario de Occidente fue enfático al indicar que «la forma en la que el presidente Santos planteó este tema refuerza la idea de que para este Gobierno los enemigos de la paz no son los terroristas sino quienes se atreven a cuestionarlos. Es un cambio en la escala de valores».

 

Petro utiliza con el ELN el mismo libreto de Santos con las FARC

 

Cuando Juan Manuel Santos pidió desescalar el lenguaje, muchos aseguraron que, para el presidente el problema era lo que decían los colombianos de las FARC y no lo que las FARC les hacían a los colombianos.

 

Lo mismo pasa hoy con el ELN. La decisión de Petro de tratar como hermanitas de la caridad a quienes asesinan, reclutan y secuestran ha sido rechazada por ciudadanos y líderes de opinión quienes cuestionan la mentira que subyace al tratar a los terroristas del ELN como ciudadanos rebeldes que optaron por las armas y que se financian con retenciones e impuestos a los cultivos ilegales.   

 

Sin embargo, en la actualidad, Gustavo Petro y su círculo más cercano han escalado las agresiones contra diferentes sectores de la nación, como la prensa libre y la clase media, en un esfuerzo desesperado por ubicar a algunos personajes de la vida nacional como enemigos del pueblo y de la paz, estrategia promulgada por Josef Goebbels y que se conoce como el principio del enemigo único.

 

Así las cosas, la forma camorrera del presidente contra sectores de la sociedad civil, desarmados y cumplidores de la ley, contrasta con la actitud apaciguadora que Gustavo Petro quiere instituir en el país. Mientras a los periodistas los etiqueta con adjetivos de toda índole, al grupo terrorista ELN lo tratará con guantes de seda y ya el Gobierno no los llamará criminales, ni narcotraficantes, ni asesinos ni secuestradores, sino rebeldes cuya causa, al parecer, les otorga autorización para delinquir sin que sean etiquetados por sus actos de barbarie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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