Los hechos son tozudos: un juez de la República ordenó la captura de Nicolás Petro al considerar que hay material probatorio suficiente para sustentar una acusación por lavado de activos contra el hijo del presidente.
La medida se veía venir. En las redes sociales era evidente la presión a la Fiscalía para que decidiera la situación jurídica de Nicolás Petro. Y finalmente sucedió. El hijo del presidente fue capturado en las últimas horas debido a sus presuntas acciones en favor de su padre, al conseguirle recursos de donde fuera, incluso de la ilegalidad. Nicolás, repudiado por Gustavo Petro, tendrá que responder por las graves acusaciones relacionadas con la financiación de la campaña presidencial del Pacto Histórico.
Lo
anterior no es un asunto menor. Al hijo de Petro, Nicolás, no lo están
judicializando por un par de travesuras ajenas a su padre. De hecho, está
encartado por conseguir recursos non santos para la campaña de Gustavo
Petro a la presidencia, lo que significa que tanto el entonces candidato y hoy
presidente como toda la campaña del Pacto Histórico están en situación sub
iúdice.
El
presidente le dio la espalda a uno de sus hijos, asegurando que su
comportamiento se debe a que no tuvo la oportunidad de criarlo.
Sin
embargo, las cuentas no cuadran y el terrorista del M-19 solo estuvo alejado de
la criatura durante el primer año de vida. Incluso, el propio Nicolás aseguró
que uno de sus primeros recuerdos tiene que ver con acompañar a su padre,
Gustavo Petro, en sus correrías políticas cuando tenía más o menos cinco años,
lo que contradice de plano la afirmación del presidente de no haber tenido la
oportunidad de criarlo. Al contrario: alguien podría pensar que lo crio tan bien,
que resultó, al parecer, un fabuloso delincuente de cuello blanco.
Para
Gustavo Petro, su hijo Nicolás es solo un fusible que va a quemar para tratar
de mantenerse en el poder. Pese a la apariencia que quiere mostrar el padre
distante, ya los abogados se encargarán de mantener al crío fuera de la cárcel, en
una cómoda prisión domiciliaria en la que podrá seguir haciendo de las suyas.
Junto al
nombre de Nicolás Petro aparecen dos figuras representativas de la ilegalidad o
de la narcofinanciación de campañas políticas. Se trata de Santander
Lopesierra, el hombre Marlboro y el Turco Hilsaca, uno de ellos incluso
extraditado y condenado por narcotráfico en los Estados Unidos. Hoy, Lopesierra
es candidato a la Alcaldía de Maicao, en la Guajira y el Turco Hilsaca está de
pelea con el Pacto Histórico porque no avaló aspiraciones políticas de gente
cercana, lo que parece un incumplimiento a los acuerdos que llevaron al Turco a
financiar la campaña de Petro.
En
cuanto al dinero, el motivo de la distancia entre Gustavo Petro y su hijo
Nicolás no tiene que ver con la procedencia de los recursos. Al contrario: ahí
no hay reclamo alguno del presidente. Lo que llevó a Petro a darle la espalda a
Nicolás, su hijo, es que el díscolo joven se apropió de 600 millones de pesos
para darse un “gustico” en finca raíz.
Así las
cosas, que el dinero venga del narcotráfico, del contrabando o del delito que
sea, parece no importar. Lo fundamental es que desvió unos recursos para
beneficio propio y eso implica que el Al Capone criollo, líder de esa Omerta
que quiere apoderarse del país, le dé la espalda a uno de los suyos.
El
mensaje de plañidera de Gustavo Petro, anunciando todas las garantías a la
Fiscalía para que investiguen a su hijo Nicolás, no es suficiente. Es que en
menos de un año, el presidente ha tenido que darles la espalda a dos de sus
familiares: a su hermano menor, Juan Fernando y a su hijo Nicolás. Además, un
sobrino fue capturado y judicializado por porte de sustancias psicotrópicas en
Cundinamarca.
Es
importante recordar que Juan Fernando está siendo investigado por liderar un
presunto cartel de abogados que cobra comisiones a los presos a cambio de cupos
en la paz total del Gobierno de Gustavo Petro.
No
obstante, pese a los burdos intentos presidenciales de desmarcarse de su hijo y
de su hermano, el conocido testimonio de Armando Benedetti sobre la
financiación de la campaña de Gustavo Petro, afirmando que consiguió 15 mil
millones de pesos, es otra espada de Damocles que pende sobre el proyecto político del
presidente.
Gustavo
Petro quería ser presidente a toda costa. Si sus alianzas eran con narcos
extraditados o con políticos corruptos como el Ñoño Elías o el cartel Besaile,
eran indelicadezas menores soportables en comparación con la enorme ambición de poder del presidente.
En la historia
de Colombia no hay registro de ningún mandatario que en menos de un año de
presidencia haya tenido tantos y tan graves cuestionamientos sobre su
financiación. Gustavo Petro debió recordar el eslogan de su amigo Antanas
Mockus: no todo vale.
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